domingo, 27 de enero de 2008

Don Orlando


Una soleada tarde, caminé por calle Atacama, en búsqueda de mi entrevistado. Me encontré con una casa común y corriente, típica del centro de Copiapó y luego de golpear la puerta, salió a mi encuentro su Hija Tamara. Muy amablemente me invitó a pasar a la sala, donde mágicamente sentí como si hubiese atravesado un vortex del tiempo. Me encontré súbitamente rodeado de muebles, pinturas y objetos de varios siglos atrás, estaban bañados con una iluminación tenue, regalada por un pequeño tragaluz en la entrada principal.

Al preguntar por don Orlando Aróstica, su hija me acompañó hasta el patio de la casa, donde está ubicado el taller en el que desarrolla su labor. Me saludó muy cordialmente y su manera sencilla me hizo sentir muy cómodo.

En ese momento trabajaba en la restauración de una silla de Viena del siglo XVIII estilo Reina Ana, las que están hechas en madera de haya europea, y de las cuales existen aproximadamente 98 estilos diferentes. Al preguntarle sobre su procedencia, me comentó que estas fueron traídas al país en barco, durante el siglo XVIII y principios del siglo XIX, en la época de apogeo de las salitreras y del Mineral de Chañarcillo.

Don Orlando, padre de dos hijos, se dedica a este trabajo desde hace 10 años. Anteriormente era comerciante de ropa y chaquetas de cuero y pieles, las que importaba desde Argentina, pero la llegada de las grandes tiendas perjudicó su negocio en los años 90. En ese tiempo tenía en el patio de su casa unas sillas antiguas que necesitaban restauración, lo que le significaba un alto costo monetario, este hecho sumado a la dificultad económica, lo hizo decidirse a aprender en forma autodidacta el oficio, a través de revistas. Hoy en día se ha transformado en todo un experto en la reparación de todo tipo de muebles antiguos, muchos de ellos en un principio comprados a particulares o regalados por conocidos, aunque también ha realizado trabajos a pedido a importantes familias y personajes de la región, incluso a la suegra del pianista Roberto Bravo.

Haciendo un alto en su trabajo, y de regreso al interior de la casa, me mostró parte de su valiosa colección la cual está conformada por sillas estilos victorianas, Cruz Montt, arrimos con espejos de cristal de roca y mármol de carrara, figuras talladas en hueso de ballena de Capo di Monti, platería fina, camas estilo Eduardina y marquesas de bronce italiano de 1910.

Sentados sobre la Historia

La particularidad de Don Orlando es que, a diferencia de muchos otros coleccionistas y restauradores, utiliza cotidianamente los muebles sin ningún inconveniente, lo que hace sentir a los invitados como parte, aunque sea por un instante, de la historia. También, ha recibido ofertas de compra o peticiones de préstamos de los muebles de universidades y particulares, ofertas a las que se ha negado rotundamente, y sólo mantiene algunas piezas a la venta, como un paragüero de caoba de 2 metros de alto y de más de 100 años, que vende a $150.000, o un cuadro de gran valor histórico de 100 x 80 CMS de un presbítero de Copiapó enmarcado al fuego (polvos de oro) y pintado en 1907 por el destacado pintor Miguel Gormaz a la venta en tan sólo a $100.000. Además, las numerosas sillas de Viena que posee en su colección las ofrece a $40.000 la unidad.

Las sillas llegan, la mayoría de las veces, deterioradas por el paso del tiempo y el abandono, debido a que han estado por mucho tiempo relegadas en los patios de las abuelas. El proceso de restauración comienza con el lijado de las nobles maderas, el cual le toma aproximadamente un día de trabajo. Al día siguiente, se inicia la etapa del enjuncado, que es sin duda, la labor mas fina que realiza y la que le llevo más tiempo dominar. Finalmente, aplica un lacado “al muñequeo” (laca, diluyente y piroxilina) sobre la pieza el cual le devuelve la belleza que tenía en sus inicios.