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miércoles, 23 de abril de 2008

El Carnaval del Toro Pullay



Tremendo alboroto, llantos, carterazos, animales salvajes asustando a la gente, hasta el mismo diablo se hizo presente para pelear con un sacerdote. No es el fin del mundo, todo lo contrario, es el carnaval del Toro Pullay que se realiza cada año en Tierra Amarilla para dar comienzo a una nueva temporada y que esta venga acompañada de bonanza para el pueblo.


Parque René Schneider


Ex Parque Salvador Reyes Figueroa

Al final de la calle del Rey, o calle Atacama como se le conoce actualmente, existía una columna de mármol con un libro abierto que rendía homenaje al parque de parte de los profesores de Copiapó. Para ser justo con la historia diremos al final de la calle San Román. Los habitantes de este Copiapó embrujado de mitos y leyendas; somos muy dados a crear y cambiar arbitrariamente todo lo que se nos ocurre como manejando una varita mágica, sin razonar, sin indagar, sin escudriñar en los archivos naturales de sus habitantes mayores de edad y a veces muy sabios.

Éste parque se llamó siempre SALVADOR REYES FIGUEROA, un copiapino nacido en la ex “Residencial Ahumada” (Colipí con Infante) donde los escritores colocamos un trozo de mineral con una placa de bronce. Se preguntarán quién fue Salvador Reyes Figueroa y tengo que contarles que nuestro ilustre personaje, es un auténtico copiapino y un gran atacameño, ganador del premio nacional de literatura y a la fecha es el único escritor regional que nos ha dado este honor.

Propongo recuperar su nombre en el parque del estadio y hasta Luis Valenzuela Hermosilla se sentirá contento.

Alejandro Aracena Siares, historiador de Atacama


miércoles, 12 de marzo de 2008



Santa patrona de los mineros, sobre su origen se tejen varias versiones, unos aseguran que el indígena Caro Inca la encontró en los salares de Maricunga.

Ella es pequeña y de piedra y porta en la mano una candela igual a la que los mineros usan para alumbrarse en sus duras jornadas en los “Piques” y “Socavones” de Atacama.

Cuentan los antiguos mineros, que la virgen de La Candelaria, se trasladaba de una faena minera a otra, en caravanas y procesiones con oraciones, cantos y tal vez con expresiones corporales. Fue naciendo el “Chino” o “Minero de la Virgen”, quien usa todos los típicos atuendos desde el “Coscacho”, la cotona, el pañuelo para protegerse la nuca, el pantalón bombacho, hoy faja alargada, el “culero”, el corset o faja y el calzado llamado “Babucha de cuero”, que fue reemplazada por la “Alpargata de pita”.

La danza del chino de La Candelaria es lenta, como el cancino caminar del minero por el desierto, por los arenales. Haciéndose acompañar por “Danzantes” con tambores y por una flauta que emite un sólo sonido.

Miles de mineros acuden todos los días 2 de Febrero, a la capilla del pueblo San Fernando, hoy Manuel Antonio Matta; para rendir homenaje y pagar sus mandas. Antes lo hacían en la capilla vieja, hoy en la nueva.

Hay hechos históricos que nos hablan de la gran fe hacia su patrona y pueden posponer cualquier acontecimiento que interrumpa su peregrinar hasta el santuario de La Candelaria.

En el pueblo de Cuba (hoy Inca de Oro), el 1 de Febrero de 1938, en la gran proclamación de Don Pedro Aguirre Cerda, la plaza se encontraba desierta. Los mineros acudieron al llamado de la Santa Patrona, postergando el acto político de un futuro presidente.

El minero exterioriza su amor a la Virgen según las épocas y situación social. Oro y plata regaló en las épocas de gloria de Atacama. Posteriormente prendían billetes en el traje de su patrona y como esto se prohibió, el minero dio cantidades de dinero en la entrada del templo. Hoy, no tienen riquezas materiales en abundancia, pero entrega a sus hijos como bailarines y para sentir su presencia, su propia sangre en un homenaje externo.

La historia de la actual fiesta de Candelaria

Fue en el verano de 1780. Mariano Caro Inca, vecino del pueblo de San Fernando, regresaba por la cordillera. Una tormenta le obligó a refugiarse entre unas pircas a orillas del salar de Maricunga.

Allí encontró la pequeña imagen de la Virgen, grabada en una piedra plana de sólo 14cms. Debió ser obra de algún santero limeño, de las que los españoles, muy devotos de María, trocaban para llevar consigo como protección y compañía. Seguramente la perdió allí algún devoto de la Virgen en alguna de las expediciones o trabajos por los cerros cordilleranos.

Mariano Caro llevó la imagen hasta la hijuela que tenía en San Fernando y arregló un altar para venerarla. Era el 2 de febrero de 1780, día en que la iglesia bendecía Las Candelas en honor de Cristo, luz del mundo y de su madre. De ahí viene su nombre: Virgen de la Candelaria.

Todos los años, al acercarse esta fecha, las familias vecinas del pueblo de San Fernando se reunían para una novena (ofrenda) a la Virgen. A la muerte de Caro, su esposa Josefa Guzmán, continuó aquella tradición y levantó un pequeño Oratorio en cumplimiento del testamento de su marido.

En el 1800, veinte años después del hallazgo de la imagen, el cura de la capilla de Copiapó, don Domingo Carmona, hizo levantar una capilla a la Virgen cerca del primitivo Oratorio. En 1910, don Bruno Sergio Pizarro adquirió la propiedad de la familia Caro y la donó para que allí se levantara el Santuario de La Candelaria.

www.santuariodelacandelaria.cl