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miércoles, 12 de marzo de 2008

Impresiones de Charles Darwin




naturalista inglés, estuvo en las provincias de Atacama y Coquimbo en 1835. Le llamó la atención el vestuario de los mineros, y escribió lo siguiente:

“El vestuario de los mineros chilenos es singular y pintoresco. Usan una larga camisa de sarga, un mandil de cuero sujeto a la cintura con una faja de color vivo, más un pantalón ancho hasta la rodilla. Se cubren la cabeza con un casquete de paño color escarlata.”

Tuvo ocasión de presenciar un funeral, y lo describió de la manera siguiente:

“Nos encontramos con una cuadrilla de estos mineros en traje de gala; acompañaban al cementerio el cadáver de uno de sus camaradas. Cuatro hombres conducían el féretro trotando acompasadamente. Cada doscientos metros, más o menos, otros cuatro que les habían precedido a caballo, los reemplazaban. Durante el trayecto, iban repitiendo en coro, tal vez un adiós al difunto. Nos pareció un funeral muy extraño”.


Santa patrona de los mineros, sobre su origen se tejen varias versiones, unos aseguran que el indígena Caro Inca la encontró en los salares de Maricunga.

Ella es pequeña y de piedra y porta en la mano una candela igual a la que los mineros usan para alumbrarse en sus duras jornadas en los “Piques” y “Socavones” de Atacama.

Cuentan los antiguos mineros, que la virgen de La Candelaria, se trasladaba de una faena minera a otra, en caravanas y procesiones con oraciones, cantos y tal vez con expresiones corporales. Fue naciendo el “Chino” o “Minero de la Virgen”, quien usa todos los típicos atuendos desde el “Coscacho”, la cotona, el pañuelo para protegerse la nuca, el pantalón bombacho, hoy faja alargada, el “culero”, el corset o faja y el calzado llamado “Babucha de cuero”, que fue reemplazada por la “Alpargata de pita”.

La danza del chino de La Candelaria es lenta, como el cancino caminar del minero por el desierto, por los arenales. Haciéndose acompañar por “Danzantes” con tambores y por una flauta que emite un sólo sonido.

Miles de mineros acuden todos los días 2 de Febrero, a la capilla del pueblo San Fernando, hoy Manuel Antonio Matta; para rendir homenaje y pagar sus mandas. Antes lo hacían en la capilla vieja, hoy en la nueva.

Hay hechos históricos que nos hablan de la gran fe hacia su patrona y pueden posponer cualquier acontecimiento que interrumpa su peregrinar hasta el santuario de La Candelaria.

En el pueblo de Cuba (hoy Inca de Oro), el 1 de Febrero de 1938, en la gran proclamación de Don Pedro Aguirre Cerda, la plaza se encontraba desierta. Los mineros acudieron al llamado de la Santa Patrona, postergando el acto político de un futuro presidente.

El minero exterioriza su amor a la Virgen según las épocas y situación social. Oro y plata regaló en las épocas de gloria de Atacama. Posteriormente prendían billetes en el traje de su patrona y como esto se prohibió, el minero dio cantidades de dinero en la entrada del templo. Hoy, no tienen riquezas materiales en abundancia, pero entrega a sus hijos como bailarines y para sentir su presencia, su propia sangre en un homenaje externo.

La historia de la actual fiesta de Candelaria

Fue en el verano de 1780. Mariano Caro Inca, vecino del pueblo de San Fernando, regresaba por la cordillera. Una tormenta le obligó a refugiarse entre unas pircas a orillas del salar de Maricunga.

Allí encontró la pequeña imagen de la Virgen, grabada en una piedra plana de sólo 14cms. Debió ser obra de algún santero limeño, de las que los españoles, muy devotos de María, trocaban para llevar consigo como protección y compañía. Seguramente la perdió allí algún devoto de la Virgen en alguna de las expediciones o trabajos por los cerros cordilleranos.

Mariano Caro llevó la imagen hasta la hijuela que tenía en San Fernando y arregló un altar para venerarla. Era el 2 de febrero de 1780, día en que la iglesia bendecía Las Candelas en honor de Cristo, luz del mundo y de su madre. De ahí viene su nombre: Virgen de la Candelaria.

Todos los años, al acercarse esta fecha, las familias vecinas del pueblo de San Fernando se reunían para una novena (ofrenda) a la Virgen. A la muerte de Caro, su esposa Josefa Guzmán, continuó aquella tradición y levantó un pequeño Oratorio en cumplimiento del testamento de su marido.

En el 1800, veinte años después del hallazgo de la imagen, el cura de la capilla de Copiapó, don Domingo Carmona, hizo levantar una capilla a la Virgen cerca del primitivo Oratorio. En 1910, don Bruno Sergio Pizarro adquirió la propiedad de la familia Caro y la donó para que allí se levantara el Santuario de La Candelaria.

www.santuariodelacandelaria.cl

lunes, 28 de enero de 2008

La Leyenda de Fraga




Según el premio nacional de literatura, don Sady Zañartu Bustos, taltalino que nos leyó innumerables obras donde retrata importantes pasajes de nuestro rico imaginario atacameño; ésta fue la tentación de uno de los insignes cateadores atacameños como fue el “Pinche” González, quien junto a Marco Moreno y al Freirinense José Santos Ossa, que fueron los descubridores del Salitre. Nos dice Sady Zañartu, que el “Pinche” González, obsesionado por encontrar el derrotero de Fraga, se vino al desierto más inhóspito del mundo, donde fue encontrado muerto junto a su noble caballo, comido por los jotes pero con una moneda en el pecho, testimonio único de su osadía de aventurero. Un testimonio como éste del siglo XIX, nos hace reflexionar: Cuántas personas han escuchado sobre Fraga, Cuántas personas se han aventurado a lomo de caballo o en carreta, camioneta o en modernas motos por las arenas en busca de la mina Fraga, en cuyo socavón duermen cofres o cajones con monedas de oro o plata.

Hay acontecimientos más recientes sobre el tesoro y la leyenda de Fraga. Todos coinciden que está resguardada por el demonio y que la persona que profana esta tierra, es hombre muerto, especialmente si se lleva consigo algunas piezas o monedas de oro.

Esto le pasó a Montecinos y un grupo de amigos copiapinos, que fueron hasta el lugar, acompañados de un espiritista famoso, encontraron el tesoro pero no esperaron el tiempo correspondiente en la mina, al parecer 24 horas, período en el que se ven todo tipo de apariciones y demonios y que se debe soportar. El hecho es que se vinieron en su camioneta, salieron a la carretera en el sector de Carpa de Cuatro, casi frente al cerro El Bramador y los que presenciaron el accidente cuentan que la camioneta se fue directa al bus que venía por su lado correspondiente y quedó incrustada bajo sus ruedas. Murieron todos los ocupantes de la camioneta, los buscadores del tesoro de Fraga, unas cuantas monedas de oro fueron el testimonio endemoniado que de seguro van a servir de incentivo a futuras generaciones de buscadores de tesoros.

Extracto del relato de “La Leyenda de Fraga”, del “Imaginario de Atacama, Mitos y Leyendas” de Don Alejandro Aracena Siares, Diciembre 2006.

domingo, 27 de enero de 2008

La Leyenda del Tololo Pampa


Por Alejandro Aracena


Este lugar, se encuentra ubicado cerca del Canto de Agua, en los llanos de Challe. Cuentan los mineros que en estas extensas planicies, aparece como un fantasma de luces, colores, calles, vida nocturna bares y restoranes; formando una hermosa ciudad.

El minero o el arriero que ha sufrido esta experiencia, nos relata haber comido, bailado, tomado y comprado más de algún regalo para su mujer; pero al otro día aparece durmiendo a pleno sol, con la cabeza apoyada sobre una piedra. La ciudad sólo ha quedado en su imaginación, pero en uno de sus bolsillos está el regalo de su novia, está el pañuelo de seda rojo que el compró para el cuello.

Hay una versión de un matrimonio de Santiago, que viajando desde Vallenar rumbo a Carrizal, antiguo puerto histórico de la costa de Atacama; equivocadamente tomó un camino minero que los llevó a la mina de Capote Aurífero. Minas históricas llena de leyendas y precisamente ubicadas en los cerros altos frente a las extensas planicies del Tololo Pampa. El sereno de la mina de los Callejas, les mostró las minas, las ruinas del campamento, las ruinas de una planta procesadora de minerales. Las antiguas construcciones del hospital de Capote donde nace el autor de este libro de leyendas, como para hacerles más grata su estadía en la mina Capote, que el protege y cuida celosamente por encargo de los señores Callejas de Freirina; les cuenta la leyenda de Tololo Pampa y como para sentirse acompañado ese día domingo de marzo, les ofrece el rico te del cerro con pan amasado y queso de cabra producto de las majadas del sector preñado de flora costera.

Bajaron un poco tarde, casi oscureciendo y al llegar al fondo de la quebrada luego de bajar la cuesta de la mina Capote Aurífero, divisaron muchas luces como las del pueblo. No lo pensaron dos veces y se imaginaron la leyenda del minero, dirigiendo su vehículo valientemente al lugar, entraron por calles empedradas de una ciudad muy bien instalada. Llena de ruido, de vida, de música, vehículos y pararon frente a un hotel restaurant pensando en cenar y dormir, para el día siguiente seguir rumbo al valle de Tierra Amarilla y al museo Mina el Tránsito.

Contaron que luego de cenar se retiraron a sus habitaciones. Sorpresa mayúscula, un dormitorio como de reyes. El alhajamiento con candelabros, floreros, ceniceros de plata, lámparas de pedestal y colgantes de blanco metal. Nos cuenta la dama que tomó un cenicero de plata y lo colocó debajo de la almohada como para no olvidarse que tenía que traerlo para testimoniar su presencia en el Tololo Pampa.

Muy temprano sintió los rayos solares quemándole su rostro y su sorpresa fue grande al mirar su entorno. El cenicero amaneció bajo su cabeza y brillaba hermoso con su resplandor argentífero. Una extensa planicie, un llano inmenso. El vehículo que estacionaron en los costados del hotel, estaba ahí, a unos cuantos metros de ellos. Se miraron, subieron al auto y presurosamente abandonaron el lugar.

Nuestro objetivo es crear el escenario en donde nuestros artistas puedan expresarse libremente mostrando su obra.

Esperamos también que les guste el producto de tan arduo trabajo e investigación y lo disfruten leyendo tanto como nosotros disfrutamos realizándola.

Agradecemos a los colaboradores y los artistas que generosamente nos han facilitado sus obras, y a la vez, extendemos


Del libro: “Imaginario de Atacama, Mitos y Leyendas” (2006), de Don Alejandro Aracena Siares, escritor e investigador del patrimonio regional.